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Columna de hay nanita

Sin 2011 no hay 2012: Ricardo Aguilar

Ricardo Herrera Solís

 

Señalamos que sería difícil que el CDE del PRI contuviera los ánimos sucesorios de la militancia priísta. La actividad se está dando. Los resultados electorales en Oaxaca, Puebla y Sinaloa y el anuncio institucional en el sentido de enviar el proceso de elección interna hasta enero del 2011, caldearon la situación. La dirigencia tricolor está siendo rebasada y existe riesgo de fractura.

 

Las fricciones entre quienes demandan definir cuanto antes las reglas del proceso de elección del candidato del PRI a gobernador del Estado y los que estiman conveniente dejar esta dinámica para el 2011, son evidentes. Entre los primeros hay figuras con legítimas aspiraciones políticas y en el segundo grupo asoma la cabeza el presidente estatal del PRI, Ricardo Aguilar Castillo.

 

La dirigencia priísta de la entidad ha “demandado” de los aspirantes priístas –con pocos resultados- inmovilidad y fe ciega en un proyecto presidencial que aún no termina de cuajar, dejando de lado el hecho de que el proceso de sucesión local se mueve en pista y con tiempo propios. Ante las presiones, el mando priísta podría verse obligado a recapacitar.

 

Pero los tiempos de la elección interna no son el único problema; la definición del método de elección augura una confrontación mayor, por cuanto hay quienes se inclinan por un proceso horizontal, abierto y transparente y los que están a favor de una definición cerrada y vertical. Cada uno de los aspirantes encuentra en uno u otro esquema su mejor oportunidad.

 

Desde nuestro punto de vista el proceso de definición del candidato priísta a la gubernatura requería oxigenación. Enviar el asunto a principios del año entrante sólo somete las cosas a una presión mayor. El resultado final podría ser desagradable.

 

La inminente alianza electoral PAN-partidos de izquierda constituye un riesgo real para el partido tricolor y exige de éste postular a su mejor carta y mantener la unidad interna. En ello coinciden hoy muchos analistas. Una definición en enero dejaría poco tiempo para posicionar al candidato como también para restañar heridas.

 

Al parecer el CDE del PRI está apostando a conjurar la citada alianza. Si es así, la dirigencia tricolor estaría pecando de exceso de confianza, situación que seguramente no será bien vista por grupos de priístas locales y de otras entidades. No es deseable repetir aquí los actos de soberbia dados en los procesos internos de Oaxaca y Puebla. Es jugar con fuego.

 

Otra estrategia que estaría siguiendo el tricolor es tratar de incrustar como cabeza de la alianza un candidato a modo. Ya se ha hecho antes, pero también esto es incierto. Si el PAN y los partidos de izquierda deciden postular a un candidato externo, el PRI tendría serias complicaciones.

 

En el peor de los casos, el PRI sólo está bailando al son que le tocan los pro aliancistas, quienes determinaron tomar una decisión respecto a su candidato común hasta fines de año. Es decir,  estará esperando la definición de los de enfrente, antes de tomar la propia.

 

En cualquier caso, atender tres situaciones que se empalmarán los primeros meses del año entrante (el proceso interno, dar continuidad al proyecto presidencial y un creciente golpeteo enemigo), constituye un arriesgado acto de malabarismo.

 

Habría que hacerle notar estas cuestiones al presidente estatal del PRI, Ricardo Aguilar Castillo y recordarle palabras que el mismo pronunció: sin 2011, no hay 2012.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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