Reporteros en Movimiento






Mujer con lágrimas pide que la dejen trabajar

Gloria Aguilar Mateos
19:05 hrs, 16 de Marzo 2010
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Texcoco, Méx.- Jalando su carrito de venta de congeladas, y con lágrimas en los ojos una mujer de 25 años dice a gritos que la dejen trabajar, que no la discriminen por ser mujer o la llamen loca por defenderse.

Si, se trata de Lizbeth Cruz, de 25 años de edad, quien recorre las calles de Texcoco para vender congeladas, ¡bonaaaay! ¿Cuántas bonaaaaayyyy?, pregona jalando su carrito que cuida como su mayor tesoro, “este me da de comer a mí familia y a mí, pero cuando se les ocurre los de comercio me lo quitan y les tengo que pagar 580 pesos para que me lo entreguen”, dice esta mujer que defiende su derecho al trabajo.

“Aquí las cosas están muy mal, porque las mujeres salimos a trabajar diario y aquí en vez en encontrar trabajo nos quitan el dinero, de parte del mismo ayuntamiento”, cuenta

Y agrega que vía pública y los de regulación comerciales le piden dinero, “me piden varo”, - dice- “vas a dar 580 o no vas a tener derecho al trabajo”, señala.

Como ella otros comerciantes venden sus productos en la calle, pero Lizbeth Cruz dice que con ella se han ensañado por ser mujer, “me dicen que soy una retrasada, que no puedo andar en la calle, pero que hago si así ayudo con los gastos a mi mamá”.

Cuenta que por lo menos una vez al mes la detienen los de regulación comercial o las patrullas y le piden dinero, “si no traigo se llevan mi carro, y ahí lo tienen hasta que pago la multa”, asegura la joven mujer.

“Luego levantan falsas declaraciones diciendo que estoy loca, pero si yo estuviera mal no vendería, ni tampoco sabría cuánto cuesta una “bonais”, y tampoco sabría llegar a mi casa, y tampoco sabría lo que son ellos y como me hace”, dice la mujer en su defensa.

Entre estas detenciones de su “carrito”, se la ha echado a perder la mercancía y ya no la puede vender, “esto ya es perdida para, porque tengo que pagar a la empresa que me da la mercancía, y hasta me endrogo para rescatar mi carrito y seguir vendiendo, porque la verdad si me da para comer”.

Pero vea como están la patrúllas solo viendo y esperando a ver cuándo me agarran para sacarme otros centavos, dice la vendedora de congeladas frente al palacio municipal de Texcoco, quien a diario hace este recorrido por escuelas, plazas, mercados ofreciendo su producto que refresca.

“¡Cuanto vas que querer, hay de tamarindo, mango, fresa, uva, limón¡ ¿de cuál te doy?”, dice a niño que se acerca a comprar mientras saca su congelada que envuelva en una servilleta y abre por la parte de arriba para entregarla a cambio de tres pesos.

¡Booonaaaaayyyy!, ¡refrésquese con un boonaaayyy!, se aleja esta joven mujer que lucha por su derecho al trabajo y contra la discriminación por parte de los funcionarios públicos de Texcoco.


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