“Los Zapatos, primero los zapatos” Un perro aúlla lastimosamente.
Gloria Aguilar, Josefina Nava y Marcos Santiago18:30 hrs, 04 de febrero 2010
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Un perro aúlla lastimosamente. Ve el agua pestilente e intenta pasar hacía su casa en la calle Oriente 23, en la colonia San Isidro. No puede. Con los aullidos trata de llamar la atención de sus dueños. Nadie le hace caso, todas las familias a su alrededor están ocupadas tratado de evitar que el agua entre a sus hogares.
Este es tan solo una historia de los damnificados de Valle de Chalco, los dos veces inundados por el mismo río, el de la Compañía que en el año 2000, los anegó por primera vez.
Don Rodolfo García, un vendedor de telas usadas, bien lo que recuerda. Él tiene 25 años de vivir en la colonia. No esperaba que en cinco minutos su casa estaría llena de agua “solo los carros pudimos sacar, no nos dio tiempo de nada”.
Ahora, se encuentra parado en un poste, viendo tristemente, como corre el agua por las calle, como se va, como su fue su negocio de telas. Igual que hace nueve años.
PRIMEROS LOS ZAPATOS
Constanzo Sánchez Anastacio dormía plácidamente, junto con 18 familias en la calle Oriente 18, entre sueños escuchó las sirenas de las patrullas y la alerta para evacuar. Sin pensarlo, abandonó la cama y lo primero que pensó: “los zapatos, primero los zapatos”.
Así se lo dijo a sus hijos, esposa, tíos y abuelos que se encontraban en sus camas. Como pudieron salieron, pero solo con los zapatos, ya que la estufa, la lavadora y el televisor se quedaron nadando entre las aguas pestilentes.
DORMIR EN EL TAXI
En un taxi don Rodolfo y su familia pasaron la madrugada en una calle aledaña a la autopista México Puebla. Ahí durmieron para vigilar, desde lejos, su casa ubicada en la calle Oriente 23 número 4, colonia San Isidro.
Ellos fueron alertados por la policía municipal para que abandonaran sus casas a las 01:30 de la mañana. Se asustaron por un estallido en la autopista “pensamos que la gasolinera había explotado, pero eran dos tráilers que se impactaron y estallaron”
Y no era para desconfiar, pero acordaron no ir al albergue que habilitó el ayuntamiento de Valle de Chalco, porque “ya sabe se rumora que hay rateros y aunque no se tenga nada, hay que cuidar la casa”.